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Parar de bailar nunca fue una opción para mí

Con esta entrevista queremos ayudarte a superar esos momentos horribles por los que a veces pasamos los bailarines.

Las lesiones son obstáculos que muchas veces se ponen en nuestro camino y nos hacen “nadar en dulce de leche”. Lo importante es saber que no hay mal que por bien no venga y hacer todo lo posible para ver lo positivo en cada prueba que se nos presenta. Si estas pasando por una lesión leé esta entrevista… te vá a hacer bien. 🙂

Clarita Ayala, bailarina profesional, nos cuenta como lucho y supero tres operaciones de rodilla.

¿Hace cuantos años bailas y dónde?

Empecé a bailar a los 7 años en la Academia Lupe Estudio en Ciudad del Este, bajo de la dirección de la maestra Lupe Rivarola. Al comienzo no me gustaba pero gracias a la insistencia de mi mamá seguí yendo a las clases.

Me empezó a gustar cuando me eligieron para estar en el grupo de las más grandes porque viajabamos a Asunción y al exterior para concursar. Empecé a competir en categorías de solista y me iba bien, subir al escenario, bailar y sonreír ya era mucho más atractivo y divertido que jugar y ver la tele.

Luego nos mudamos a Asunción y fui al Estudio Nicole Dijkhuis donde tuve la gracia de tener excelentes maestras como Nicole Dijkhuis, Marilyn Candia, Maia y Nicole Ayala.

 ¿Cómo empezó tu carrera profesional?

En el 2006 fui a Brasil, becada por la maestra Mariza Estrella al Centro de Dança Rio, ese mismo año participe en un concurso en Rio y gane un contrato para la Compañía Nacional de Bailado, Portugal. Fue así que empecé mi carrera como bailarina profesional.

Luego formé parte del Ballet Clásico y Moderno Municipal de Asunción, del Ballet Concierto de Iñaki Urlezaga y del Ballet del Sodre de Uruguay.

Este año estuve presente en la última puesta en escena del Ballet UniNorte en “La Ceniencienta” y voy a estar formando parte del espectáculo de producción independiente “Luz en Sombra” de Luis Gavilán.

Contános como enfrentaste uno de los momentos más difíciles para todo bailarín, el de superar una lesión.

La primera vez tuve una distensión del ligamento cruzado anterior, fue durante una gira por el interior de Uruguay con el Ballet del Sodre en el 2010.

Veníamos con un ritmo muy agitado de funciones, giras y muchos ensayos. La rodilla izquierda me empezó a molestar pero no hice mucho al respecto (cosa que hacemos muchos bailarines y no deberíamos). Estaba bailando mucho y el director era Julio Bocca, me había dado la oportunidad de bailar como solista durante la gira y lo último que pensaba era en parar o en la molestia que sentía.

Al volver a Montevideo teníamos que bailar “Lago de los Cisnes” para la temporada final, donde también tenía variaciones de solista y fue ahí que mi rodilla ya no aguanto. No hubo caída o golpe, me quede con la “pata dura”, literalmente, ya que no pude siquiera caminar, llamaron a emergencias y salí del teatro en silla de ruedas.

Volví a Asunción y mi diagnóstico fue distención del ligamento cruzado anterior, consulte con un traumatólogo y decidimos que una operación exploratoria era lo más conveniente para ver el estado de mi ligamento. Según el traumatólogo no era necesario extraer el ligamiento que estaba distendido y me dio tres meses de rehabilitación, volví al Sodre al año siguiente y baile dos años sin ningún tipo de molestias en la rodilla.

En el 2012, día del estreno de “Cascanueces” y nuevamente la última temporada del año, me caí de un salto y fue ahí que se me rompió definitivamente el ligamento cruzado anterior. Ese momento fue frustrante porque era la segunda vez que me perdía la temporada de fin de año por una lesión.

Volví a Paraguay a consultar y nadie me decía con exactitud mi diagnóstico, hice dos meses de fisioterapia y volví al ballet del Sodre. Era el primer día de clases con la compañía y yo no podía pararme sobre la pierna izquierda por el dolor y la inestabilidad que sentía. Seguí con la fisioterapia, todos los días, llegaba mucho antes de que empiece la clase, iba al gimnasio que teníamos en el ballet y acompañada de los fisioterapeutas empezaba mi rutina de ejercicios.

Pasaban los meses y mi rodilla apenas mejoraba, yo seguía sin poder bailar los roles que antiguamente me designaban y nadie sabía cuál era el problema con mi rodilla, sentía que los traumatólogos a los que fui (que fueron varios, en Paraguay y en Uruguay) no me tomaban en serio. Las presiones del director iban siendo más intensas, en ese momento yo era una bailarina dentro de una compañía muy grande que no “servía” por qué no podía bailar. En Agosto del 2013, recibí la carta de no renovación de contrato para la temporada siguiente, lo cual me dolió muchísimo pero me pareció justo. No había ningún diagnóstico de lo que me pasaba por ende no tenía justificación por mi bajo desempeño dentro de la compañía, era algo que lastimosamente se veía venir.

En Noviembre del 2013 fui a Buenos Aires para audicionar a otras compañías y buscar nuevas oportunidades, hice todo esto con la rodilla a medias hasta que consulte con un traumatólogo que me recomendaron en esa ciudad, el doctor se tomó 40 minutos para hacerme exámenes de todo tipo y fue el que me dijo que tenía el ligamento cruzado anterior roto, fue una buena noticia para mí, al fin sabía que era lo que estaba pasando, me dijo que tenía la musculatura muy fortalecida por tanta fisioterapia que dificultaba el diagnóstico de la lesión. Tenía que operarme la rodilla de nuevo, solo que esta vez ya no tenía ningún contrato en ninguna compañía.

Había pasado un año intentando bailar con el ligamento anterior roto sin saber que estaba roto, perdí mi contrato en el Sodre y todavía me esperaba lo peor, la cirugía y la rehabilitación. Fue un año súper difícil para mí, en ese momento pensé que mi carrera había terminado.

Para continuar les recomiendo hacer una línea de tiempo, de esas que hacíamos en el colegio en las clases de historia porque los siguientes años, fueron dos años muy movidos ya que cambié de “profesión” y de país varias veces.

La segunda cirugía fue en noviembre del 2013 en Asunción, aparentaba que todo había salido bien. Decidí volver a Uruguay en enero del 2014 y quedarme a vivir allá pesar de no formar parte del ballet del Sodre, ya tenía una vida hecha en ese país así que encontré un trabajo en una fábrica como secretaria/recepcionista y me mude a vivir sola. Mi plan era hacer la rehabilitación en Montevideo con los fisioterapeutas que había conocido allá y que me habían ayudado mucho en todo lo que había pasado pero mis horarios y mi ritmo de oficinista no me dejaban horas libres para nada más que trabajar, comer y dormir. Esos meses fueron de mucho aprendizaje en lo personal, profesional, espiritual y de todos los otros aspectos de la vida.

Finalmente decidí volver a Paraguay porque mi plan no estaba funcionando. Para Abril del 2014 estaba en Asunción, iba a fisioterapia de mañana, tarde y noche, tomaba clases de ballet, empecé a enseñar pilates y también a trabajar con mi mamá en su tienda. Mi rodilla iba mejorando y tuve la oportunidad de subir nuevamente al escenario con el Ballet Municipal de Asunción para una función de Cascanueces a fin de año y también como invitada en el festival de la academia de Nicole Dijkhuis.

Fue muy lindo volver al escenario después de tanto tiempo, pero mi rodilla no estaba del todo recuperada, todavía sentía inestabilidad y eso hizo que no me sienta muy segura. Disfrute pero me quede con ganas de bailar más y mejor.

A fines del 2014 me fui a New York a un curso de capacitación de pilates y a tomar clases de ballet a Steps On Broadway, fui parte del programa de estudiantes internacionales y tenía pensado presentarme a todas las audiciones que se realizaban en ese momento de varias compañías de ballet de los Estados Unidos.

Mis días en New York fueron intensos, tres a cuatro clases por día de lunes a sábados, más la capacitación de pilates. Estaba muy feliz porque mi rodilla estaba respondiendo bien a todas esas exigencias hasta que un día dejo de responder. En Marzo del 2015, en una clase de ballet hice un salto y sentí algo raro en la rodilla y también un ruido, al instante me di cuenta que mi ligamento cruzado anterior se volvió a romper y de esta vez también me rompí el menisco interno.

Tuve que quedarme en New York hasta Abril para terminar mi capacitación de pilates, no podía seguir tomando clases de ballet ni hacer las audiciones que tanto quería. De nuevo fueron días muy difíciles ya que no podía hacer nada por mejorar mi rodilla.

Volví a Asunción y fui a consultar con el doctor Santiago Urbieta quien me dio mucha confianza y me dijo que iba a estar bien, que podía volver a bailar, no iba a ser fácil ya que tenía las dos operaciones anteriores pero que si iba a volver a bailar. Para cualquier bailarín/a, con una lesión grave, escuchar algo así es ver la luz al final del túnel. Mi tercera cirugía fue en Mayo del 2015 y fue buena, de verdad, de esta vez sí funcionó y para la tranquilidad de todos ya no me volví a romper la rodilla. ¡Ya estoy bailando sana y salva!

¿Cúal fue la mayor dificultad por la que pasaste en este proceso?

Me opere tres veces la rodilla izquierda, con tres traumatólogos diferentes, cada operación era un poco más compleja que la otra y puedo decir que, si hay niveles de frustración yo habré llegado al más alto de todos.

No solo por el hecho de que no podía bailar o no sabía si iba a poder volver a bailar algún día, sino también por el poco interés que sentí de algunos médicos hacia mi caso. La mayoría me decía directamente que deje de bailar, que ya no iba a poder volver y en esos momentos la verdad que parecía lo más sensato. Pero tengo que admitir y en estos casos valorar mi terquedad, nunca deje de intentar. Cada cirugía era una nueva oportunidad de hacer mejor las cosas, de analizar que no hice, que salió mal y no volver a eso, de buscar nuevas terapias, nuevos profesionales, parar de bailar nunca fue una opción para mí.

La recuperación fue lo más duro, horas de entrenamiento, había días que sentía dolor otros en que la rodilla amanecía muy inflamada. Tuve varios periodos donde no iba a ejercitar, ya estaba cansada porque para todo tenía que hacer el triple de esfuerzo, tener el triple de cuidado, ser el triple de consciente en cada paso que daba y mi lesión no fue solo una lesión, fue un gran cambio de vida. Mi lesión me ayudo a ser más disciplinada, a cuidarme, a entender más mi cuerpo y también a explorar otros “territorios” ya que tuve que hacer otras cosas que no fueron bailar durante todo ese tiempo y eso me ayudo a madurar mucho.

¿Cuáles son tus recomendaciones de doctores, profesionales de fisioterapia o lugares a los que fuiste y te resultaron bien?

El doctor Santiago Urbieta, quien me opero la tercera vez, fue un excelente profesional ya que supo cómo manejar mi caso, entendió que el ballet es mi profesión y tomó todas las precauciones y cuidados posibles.

En cuanto a la fisioterapia fui a varios lugares muy buenos, con profesionales bien preparados en rehabilitación de rodilla, una de ellas la Lic. Lilian Sanabria con quien hice la fisioterapia los primeros tres meses que son los más importantes después de una cirugía de ligamento cruzado. También Fulvia Bernal, ex bailarina y osteópata, quien no solo me ayudó mucho en lo físico sino también en lo emocional.

¿Qué sentiste al volver a pisar el escenario? 

Ya subí al escenario varias veces desde mi última operación, pero la experiencia más linda es muy reciente, me tocó bailar un rol de solista en “La Cenicienta” con el Ballet UniNorte. Era una variación con varios saltos que siempre fueron mi fuerte pero con las operaciones eso había cambiado, me daba miedo saltar y solo lo hacía de vez en cuando. En los ensayos fui viendo cómo hacer para poder llegar a saltar de nuevo y sentirme segura, al comienzo estaba nerviosa y ansiosa por que quería subir al escenario a dar lo mejor de mí. Llego el día de la función y todo eso ya paso a segundo plano por que las ganas que tenia de volver a pisar el escenario eran más grandes que los miedos e inseguridades, había hecho todo lo que estaba a mi alcance para poder llegar a ese momento y solo quería disfrutarlo. Gracias a Dios así fue, poder moverme libremente por el escenario fue hermoso, para mí no fue euforia o desesperación y tampoco un descontrol de sentimientos, simplemente sentí alegría, tranquilidad. Volví al lugar donde siempre me sentí tan a gusto y en paz, poder compartir ese momento con otros bailarines, sonreírles y esa complicidad y conexión que nos brinda el escenario me hicieron sentir una bailarina de nuevo después de casi tres años.

¡GRACIAS CLARITA POR COMPARTIR CON NOSOTROS TU HISTORIA! 

Y a vos, que nos estas leyendo, espero que este post te sirva de inspiración, te de esperanzas, que encuentres la información que buscabas y/o la compartas para llegar a más bailarines viviendo algo similar.

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